Radiología

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¿Por qué nos duele la espalda?
En algún momento de su vida, la mayoría de las personas sufrirán de dolor de espalda, usualmente en la parte baja, también conocida como la región lumbar de la columna vertebral. El dolor en la espalda baja es tan común que la mayoría de las personas lo abrevian en “dolor de espalda”. En este reporte nosotros también nos referiremos a él de tal manera, aunque cabe aclarar que también es posible desarrollar dolor en la espalda alta (columna dorsal o torácica) o en el cuello (columna cervical).

Aunque es un problema común, el dolor de espalda se ha mantenido a algo parecido a un misterio médico. Aun después de pruebas intensivas, los médicos son incapaces de señalar una causa exacta. Muchas personas con dolor de espalda visitan un doctor tras otro, solamente para terminar en un conflicto de opiniones diferentes. Terminando en muchas ocasiones el dolor siendo clasificado como de origen “idiopático”, no se conoce lo que está causando el dolor- aun así para la persona que lo padece este es muy real.

¿Por qué es el dolor de espalda es un enigma? Es importante entender que el dolor de espalda no nos describe una sola unidad, sino una variedad de términos que incluyen un número de condiciones médicas que pueden variar en intensidad. De hecho, algunas de estas condiciones ni si quiera tienen origen en la columna, si no que están relacionados a problemas en otros órganos, como riñón o hígado.

Dependiendo del tipo de condición, y si esta es aguda (significando que se presenta de repente y suele mejorar en semanas) o crónica (en este caso dura más de tres meses sin mejoría, puede llegar a incrementar) es como usted deberá tratar sus síntomas. De las dos maneras, una cosa esta clara: para recobrar su actividad física, debe mantenerse en movimiento. Como lo vemos seguido en el área médica, cuanto mejor sea su participación en el tratamiento, mejor será su recuperación.

Cuando se presenta el dolor de espalda, es mejor comenzar con tratamientos conservativos, como analgésicos, relajantes musculares, calor o frío; a menos que usted presente síntomas de alerta sugiriéndonos una patología más seria. Si el tratamiento conservativo no funciona, hay otras opciones, especialmente para las personas que sufren de un dolor crónico de espalda. Aunque no siempre es posible eliminar el dolor de manera permanente, se puede llegar a reducir el dolor y la frecuencia con el que este se presenta. Este reportaje lo guiara a poder lograrlo.
¿Qué nos pone en riesgo para sufrir dolor de espalda?
Aunque todos podemos llegar a desarrollar dolor de espalda, sin importar el estado de salud o las circunstancia en la que nos encontremos, los estudios han demostrado que algunas condiciones o actividades lo pueden poner en un mayor riesgo. A estas condiciones o actividades se les conoce como factores de riesgo. Debemos tener en cuenta que no todos los factores de riesgo pueden cambiarse, pero al llegar a conocerlos sabremos cómo lidiar con ellos.

Factores de riesgo que no pueden ser cambiados
Sin importar lo que usted haga existen factores de riesgo en el dolor de espalda, que no pueden ser cambiados y están más allá de su control.

Edad. A pesar de que el dolor de espalda puede presentarse a cualquier edad, es más común en la edad adulta, cuando comienzan los cambios en los huesos y articulaciones, esto sucede incluso en la ausencia de una lesión. Los discos (estructuras que se encuentras entre los huesos de la columna y sirven para absorber impactos) tienden a desgastarse y perder su integridad estructural. Estos cambios pueden generar dolor.
Osteoporosis. (Perdida de la fuerza y densidad ósea) se presenta causando un debilitamiento en las vértebras, que eventualmente puede llegar a presentarse una fractura. Las fracturas en vertebras pueden causar una pérdida de altura y puede llegarse a formar una curvatura anormal en la espalda. También pueden llegar a ser muy dolorosas.

Mientras los problemas en la espalda son más comunes en la edad adulta, en los adultos mayores los episodios de dolor en espalda baja son más severos y de mayor duración.

Genero. Estudios han demostrado que el dolor de espalda afecta a mujeres y hombres por igual. Sin embargo el tipo de dolor y como se manifiesta en el paciente puede llegar a presentarse de manera diferente.
En la sociedad occidental industrializada, los hombres presentan un mayor riesgo de sufrir una lesión en los discos, y probablemente terminaran siendo tratados quirúrgicamente. Esta diferencia está basada en que un mayor número de hombres que de mujeres desarrollan trabajos que involucran cargar, empujar y jalar cosas pesadas- y en el hecho de que manifiestan una necesidad de regresar al trabajo lo más pronto posible.

Por el otro lado, las mujeres suelen presentar dolor de espalda durante el embarazo, particularmente durante el último trimestre. Aunque las molestias suelen disminuir y desaparecer después del parto, existe una posibilidad de convertirse en crónico. No se conoce la razón exacta para este tipo de dolor de espalda, pero se sabe que hay varios factores que le favorecen: los ligamentos suelen distenderse al final del tercer trimestre, los músculos abdominales se estiran y se debilitan, el cargar el peso del bebe en desarrollo y el proceso del parto pone bajo estrés a la espalda.

Es más común que las mujeres presenten ciertas patologías. La osteoporosis se presenta con mayor frecuencia en mujeres adultas, las cuales tienen mayor riesgo de sufrir una fractura en vertebras. Las mujeres también tienen mayor riesgo de sufrir artritis degenerativa en la zona lumbar, una condición que afecta la articulación entre una vértebra y otra. También son más propensas a desarrollar espondilolistesis (condición en la que una vértebra se desplaza hacia delante fuera de la posición apropiada sobre la vértebra debajo de ella).

Herencia. La herencia juega un papel muy importante en determinados tipos de dolor de espalda. Los defectos en discos son más comunes en ciertas familias, una diferencia química hereditaria en la composición de los discos puede hacerlos más propensos a una fragmentación o una hernia de disco, condiciones que desencadenan dolor de espalda. Otras dos condiciones que tienden a presentarse por herencia son la espondilitis anquilosante y la espondilolistesis.

Factores de riesgo que pueden ser cambiados
No podemos cambiar los genes, el género o la edad, pero podemos cambiar ciertas cosas en nuestro estilo de vida que nos ayudaran a disminuir el dolor o a enfrentarlo de mejor manera.
Trabajo y ejercicio. Ciertos trabajos y ejercicios ponen bajo estrés a la espalda, por ejemplo el manejar maquinaria pesada, involucra mantener una postura por un tiempo prologado al mismo tiempo que estamos exponiendo la columna a cierta vibración. En los trabajos de oficina la postura que adoptamos para estar en la computadora, más adelante llega a repercutir en la espalda sin importar la edad.
Otras actividades relacionadas con el trabajo pueden ocasionarnos dolor de espalda a futuro por ejemplo:
• Realizar movimientos forzados como cargar, empujar o jalar.
• Movimientos como agacharse o torcer la espalda con mucha frecuencia.
• Esfuerzo físico demandante
• Mantener una postura por un tiempo prologado
• Patrones de movimiento repetitivos.
• Exposición prolongada a vibraciones.
Fumar. Los fumadores también presentan un gran riesgo de sufrir dolor de espalda, dado a que al fumar se dañan los vasos sanguíneos que brindan nutriente a la columna. Los fumadores son más propensos a desarrollar dolor de espalda crónico.

Características físicas y postura. Las buenas noticias son que su compleción; peso y talla, influyen poco en que usted esté desarrollando dolor de espalda. Incluso una diferencia moderada, en la longitud de una pierna con respecto a la otra, parece no llegar a ser un desencadenante en el dolor de espalda. Y a pesar de las advertencias de su mamá de “sentarse derecho”, los expertos opinan que en la mayoría de los casos, solo la postura, ya sea buena o mala, no lo predispone ni lo protege, para desarrollar dolor de espalda. Antes encorvarse y dejarse caer en su silla, debe de tener en cuenta que esta postura puede empeorar el dolor ya existente. Mejorar la mecánica de su cuerpo puede ayudarlo a mejorar sus síntomas y prevenir una reaparición del dolor. Estar fuera de condición física es una razón importante por la cual las personas tienen episodios recurrentes de dolor tipo que describen como “tensión o contractura”.
Debe de tener en cuenta que sufrir de sobrepeso lo pone ante un mayor riesgo de un dolor de espalda recurrente. ¿Cuál es la conexión? Los doctores todavía no tienen la respuesta. Un que parece lógico pensar que carga el peso extra del cuerpo, causa una mayor tensión en la espalda, la conexión entre el dolor y el peso llega a ser más complicada de lo que creemos. Por ejemplo el sobrepeso tiende a hacer a las personas sedentarias, dando mayor lugar a un dolor de espalda.

Factores psicológicos. Una gran cantidad de evidencia nos ha demostrado que las emociones y el bienestar psicológico tienen una influencia significante en la salud física. No es sorpresa saber que estos factores también influyen ante el factor de llegar a desarrollar dolor de espalda. Factores psicológicos como el estrés, ansiedad, un humor y emociones negativas aumentan la probabilidad de desarrollar dolor de espalda. Estos factores parecen ser realmente importantes en determinar si se va a presentar un episodio agudo de dolor y en llegar a convertirse en un dolor crónico.

Estudios realizados en lo que se ha discutido esta problemática, ha encontrado que las personas que están bajo estrés o deprimidas son más propensas en desarrollar dolor crónico de espalda. Las personas que estas inconformes con su trabajo, tienden a desarrollas más problemas de espalda que la población en general. Las razones para esto aún no están totalmente claras. Parte de la respuesta puede estar en el hecho de que el dolor crónico y la depresión comparten cierto origen biomecánico. Por ejemplo, los neurotransmisores serotonina y norepinefrina no solo están involucrados en trastornos del estado de ánimo como depresión, si no también son importantes en la producción de la sensación de dolor. La ansiedad y la depresión pueden sensibilizar a la persona al dolor o hacerlo sentir peor. Trastornos en el sueño también pueden llegar a intensificar la percepción del dolor.

Afortunadamente, esto puede ser tratado por medio de la terapia cognitivo conductual. En la TCC, el terapeuta ayuda a la persona a reconocer sus pensamientos, comportamiento y sentimientos negativos y a responder a estos de una manera más positiva. Aprender a manejar estas emociones puede ayudar a mejorar el dolor agudo de espalda y prevenir que este se convierta en crónico. Las personas en un proceso doloroso de espalda suelen tener enojo o frustración, aquellos que esperan mejorar con el tiempo, tienden a tener una mejor recuperación. Es más una actitud positiva puede llegar a motivarlo a empezar y darle continuidad, a su tratamiento, como ejercicios de estiramiento y estabilización para evitar futuros episodios de dolor. La investigación sobre este tema continúa, solo recuerde que no existe ninguna desventaja en ser una persona más feliz, sin importar si es bueno para su dolor de espalda.

Clínica Rebioger

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